Resumen de entrevista a la medico especialista en psiquiatría
Gioconda Cajina.
El consumismo.
¿Qué es el consumismo?
Según la experta es sencillamente cuando gastas más de lo que ganas, cuando las personas compran objetos porque les gusto dicho objeto, y no necesariamente para darle un uso adecuado, incluso se manifiesta el consumismo cuando se duplican dichos objetos y se van guardando y acumulando. Todas las personas tenemos la necesidad de consumir para vivir pero cuando comenzamos a realizar compras y endeudarnos para obtener productos innecesarios es cuando hablamos de consumismo.
Según la Dra. Cajina el consumismo es considerada como una patología o una enfermedad de carácter emocional, donde las personas con vacíos emocionales tratan de sustituir dichos vacíos por objetos tangibles.
De igual manera la especialista nos comentaba que todos en un momento podemos “enfermarnos de consumismo” por la influencia de los medios de comunicación, en especial la influencia de la televisión. En un momento toda la familia puede estar involucrada en esta dinámica del consumismo porque por ejemplo si en un matrimonio la esposa es consumista de objetos es por que el esposo es igual consumista solo que de sexo, no se da en todos los casos, pero podemos decir que esto se manifiesta por la carencia afectiva que se da en la pareja.
La Dra. nos comentaba que ha visto casos donde niñas entre 13 a 16 años, que se prostituyen solo por comprar tarjetas de celulares, niñas que no tienen necesidad de realizar este tipo de acciones, pero como son consumistas de dichas tarjetas, y lo que los padres le dan no les alcanza, se ven en la situación de prostituirse para seguir chateando o hablando por teléfono.
Como recomendaciones la Dra. Cajina plantea que ante casos de consumismo de algun miembro de la familia, toda la familia debería de involucrarse y recibir atención psicológica, para poder curarse de esta terrible enfermedad que a muchas personas a dejado en la calle, a causa del endeudamiento en objetos innecesarios o que no están al alcance real de las personas. Así mismo se debería de regular la publicidad que se trasmite a través de la televisión.
Ideas importantes sobre el consumismo.
Es necesario que la gente se transforme en consumidores con consciencia ambiental y social", señaló Tilford.
El ritmo de consumo sin precedentes que para los economistas es un signo del saludable estado de la economía mundial, provocó el llamado cambio climático, entre otros males sociales y ambientales.
El consumo excesivo llegó al absurdo de que un ciudadano estadounidense común, que vive en la nación más rica, gasta más de lo que gana al año.
Wwwipterranova.net 19 de enero de 2007 titulo el consumismo consume al ambiente autor stephen Leanhy
En Nicaragua no existe una clase media consumista como en la Argentina, la cual es hoy la afectada con los corralitos del FMI y otras modalidades globalistas
Miércoles 18 de mayo del 2002, el Nuevo Diario, Managua Nicaragua
En una situación de monopolio, un solo productor satisface la demanda de todos los consumidores. Ello le permite la posibilidad de determinar el precio y la cantidad que más le convienen al monopolista a costa de extraer recursos del consumidor. Una situación de monopolio, sin regulación alguna, determina que el precio sea mayor al que ocurriría en una situación de libre competencia, y que la cantidad disponible sea menor. Es importante señalar que la existencia de un solo proveedor en un mercado no define necesariamente una situación de privilegio, para lo cual se requiere analizar la existencia de barreras de entrada que inhiban al ingreso de rivales potenciales a la industria en el largo plazo.
Si el monopolio no es sujeto de ninguna regulación, es lógico suponer que el monopolista hará lo necesario para aprovecharse de la situación en que se encuentra, es decir, tener precios mayores que los que permitiría una situación de libre competencia. Es preferible, en el corto plazo, para los consumidores un esquema de libre competencia que uno de monopolio. Es importante diferenciar los efectos de corto plazo y largo plazo en el caso de estructuras no competitivas, pues si bien las condiciones de corto plazo pueden resultar en un perjuicio para el consumidor, es en el largo plazo a través del gasto en investigación y desarrollo de nuevas variedades e incluso de nuevos productos, que podrá juzgarse los efectos positivos o negativos en el excedente del consumidor de una situación no competitiva.
Existen situaciones en que el monopolio es inevitable, como cuando se trata de monopolios naturales, en que no sería viable o sería excesivamente caro que existieran dos proveedores de un mismo servicio, como por ejemplo los servicios públicos (agua potable, electricidad).
Sin embargo, existen posibilidades de desarrollar marcos regulatorios que permitan mayores niveles de competencia, aun en estos rubros tradicionalmente sujetos a una situación de monopolio, como aquellos que establecen la obligación de que las redes de transmisión de energía se pongan a disposición de diferentes empresas generadoras de energía.
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Frei Betto: Mandamientos del consumismo
La publicitad nos rodea por todas partes en la calle, en las revistas y periódicos- y nos fuerza a ser más consumidores que ciudadanos. Hoy todo se reduce a una cuestión de marketing. Una empresa de alimentos genéticamente modificados puede comprometer la salud de millones de personas. No tiene la menor importancia, si una buena maquinaria publicitaria es capaz de lograr que la marca sea bien aceptada entre los consumidores.
Eso vale igualmente para la soda que descalcifica los huesos, corroe la dentadura, engorda y crea dependencia. Al beberla, un grupo de jóvenes exultantes sugiere que, en el líquido burbujeante, se encuentra el elixir de la suprema felicidad.
La sociedad de consumo es religiosa en sentido contrario. Casi no hay anuncio publicitario que no deje de valorar uno de los siete pecados capitales: soberbia, envidia, ira, pereza, lujuria, gula y avaricia. Capital significa cabeza. Mi hermano Santo Tomás de Aquino (1225-1274) enseña que son capitales los pecados que nos hacen perder la cabeza y de los cuales se derivan numerosos males.
La soberbia se hace presente en la publicidad que exalta el ego, como el feliz propietario de un vehículo de líneas vanguardistas o el portador de una tarjeta de crédito que funciona cual llave capaz de abrir todas las puertas del deseo. La envidia hace que los jóvenes discutan sobre cuál de sus familias tiene el mejor vehículo.
La ira caracteriza al japonés rompiendo el televisor por no haber adquirido algo de mayor calidad. La pereza está a un paso de esas sandalias que invitan a un paseo entre piedras o abren las puertas de la fama con derecho a una confortable casa con piscina.
La avaricia reina en todas las economías y en el estímulo a los premios de talonarios de ventas a plazos. La gula, en los productos alimenticios y en las comiderías que ofrecen mucho colesterol en bocadillos piramidales.
La lujuria, en la asociación entre la mercancía y las fantasías eróticas: la cerveza espumosa identificada con mujeres que exhiben sus cuerpos en minúsculos biquinis.
Los cinco mandamientos de la era del consumo son:
1º) Adorar el mercado sobre todas las cosas. Todo se vende o se cambia: objetos, cargos públicos, influencias, ideas, etc. En economías arcaicas, aún presentes en regiones de América Latina, el compartir los bienes materiales y simbólicos aseguraba la sobrevivencia humana. Ahora al valor de uso se sobrepone el valor de cambio. Es preferible dejar perderse los alimentos cuyos precios exigidos por los productores dejan de ofrecer el mismo margen de ganancia. Según el mercado, perecen los seres humanos pero se aseguran los precios.
2º) No profanar la moneda, desestabilizándola. Dicen que antiguamente los pueblos indígenas sacrificaban vidas humanas para aplacar la ira de los dioses. ¿Abominable? No tanto. El ritual prosigue; lo que cambó fueron solamente los métodos. En 1985 el Nacional, uno de los mayores bancos brasileños, comenzó a hundirse. Durante diez años, gracias a operaciones fraudulentas, el Nacional consiguió sacar miles de millones de dólares del Banco Central. En octubre de 1995 el gobierno de Cardoso creó por decreto el Proer -un programa de socorro para bancos en dificultades. Pero en aquel momento sólo fue favorecido un banco: el Nacional, con el equivalente a seis mil millones de dólares.
3º) No pecar contra la globalización. Gracias a las nuevas tecnologías de comunicación el mundo se transformó en una pequeña aldea. De hecho el Planeta quedó pequeño ante las inconmensurables ambiciones de las corporaciones trasnacionales. ¿Por qué van a invertir en la protección del medio ambiente si eso no aumenta el valor de las acciones en la Bolsa?
4º) Ambicionar los bienes estatales y públicos en defensa de la privatización. Si no es el bien común el valor prioritario, sino el lucro, privatícese todo: salud, educación, autopistas, playas, selvas, etc. Privatizar es estrechar la pirámide de la desigualdad social. Las ganancias son apropiadas por una minoría, y los perjuicios -el desempleo y la miseria- socializados. Cuanto menos servicios públicos, mayor la parcela de población excluida del acceso a los servicios pagados.
Antes de la ganga de Usiminas, una de las mayores siderúrgicas brasileñas, la Nippon suscribió un 14% del capital de la empresa. Cuando se dio el aumento del capital de Usiminas, la Nippon no se interesó, lo que redujo su participación accionaria al 4.8%. Iniciado el proceso de privatización, las acciones de Usiminas se revalorizaron y la empresa japonesa obtuvo el privilegio de recuperar su participación original pagando 39.79 dólares por cada lote de mil acciones, cuando en la Bolsa su cotización ya había alcanzado 523.90 dólares. La Nippon obtuvo una ganancia del 1.340%.
El patrimonio de Usiminas valía 12 mil millones de dólares; fue vendido en mil 65 millones. Y nadie fue a parar a una cárcel por este asalto al patrimonio nacional. Con lo que se recaudó por la subasta de Usiminas, el 73.3% fueron pagados con “dinero basura” y el 26.4% con Certificados de Privatización. Papeles de colores. En dinero contante entraron apenas mil quinientos dólares, la mitad del precio de un carrito “popular”, sin usura.
5º) Dar culto a los sagrados objetos de consumo. Recorrimos aceleradamente el trayecto que conduce de la esbeltez física a la ostentación pública de celulares, de la casa de verano al auto importado, haciendo cuenta y caso que no tenemos nada que ver con la deuda social.
Expuestos a la mala calidad de esos medios electrónicos que nos ofrecen felicidad en frascos de perfume y refrigerante, alegría en paquetes de cigarros y enlatados, ya no queda espacio para la poesía ni tiempo para gozar la infancia. Perdimos la capacidad de soñar sin ganar a cambio sino el vacío, la perplejidad, la pérdida de identidad.
En dosis químicas, la felicidad nos parece más viable que recorrer el desafiante camino de la educación de la subjetividad. Se mercantilizan las relaciones conyugales, de parentesco y de amistad. Y en ese juego, al igual que en las películas norteamericanas, quien no es hábil y descaradamente cruel, muere.
Sólo hay esperanza para quien crea que el diluvio neoliberal no es capaz de inundar todos los sueños e intente navegar, a pesar de que casi no sople el viento, en las alas de la solidaridad con los excluidos, de la lucha por la justicia, del cultivo de la ética, de la defensa de los derechos humanos y de la búsqueda incansable de un mundo sin fronteras también entre ricos y oprimidos. Pero ésa es otra historia, que exige mucha fe y cierta dosis de valentía.
A propósito: lo contrario de la soberbia es la humildad; de la envidia el desapego; de la ira la tolerancia; de la pereza el compromiso; de la avaricia el compartir; de la gula la sobriedad; de la lujuria el amor. (Traducción J.L.Burguet)
- Frei Betto es escritor, autor de “Comer como un fraile. Recetas divinas para quien sabe por qué tenemos un cielo en la boca”, entre otros libros.
Alainet, 21/07/06
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